Pero qué necesidad
“¿Qué ve el ciego, aunque se le ponga una lámpara en la mano?”
Proverbio Hindú
Una vez más la presidente Sheinbaum está en el centro del debate. Y no es por sus atinadas decisiones en defensa de México, sino muy al contrario: se ha puesto de pechito, tanto al exterior como al interior, sin tener ninguna razón de hacerlo. Vayamos al ámbito internacional. El presidente de la nación más poderosa del mundo, nos guste o no, organiza una cumbre con varios países latinoamericanos llamada “Escudo de las Américas” con la finalidad de dar línea a dichos países sobre la necesidad de combatir a los cárteles de la droga que han penetrado a vastas regiones del mundo. Claro, todo bajo su liderazgo y poderío. Lo grave del asunto es que, de los países invitados no aparece México, además de Brasil, Colombia y otros. No solo eso, sino que en dicha cumbre nombra a nuestra nación como el epicentro del narcotráfico y se burla de la presidente mexicana, ante los presidentes presentes, Como buenos mexicanos nuestra primera reacción debería ser repudiar el comportamiento de Trump, respaldar a nuestra líder presidencial y ya entrados en fervor patriótico, ponernos a cantar el himno nacional mexicano. (Sheinbaum dixit).
Sin embargo, analizando un poco más a fondo el contexto, nos damos cuenta de que el desaire e insulto de Trump no es para México como país, sino para su gobierno y su presidente por la inacción que ha tenido en el combate frontal y decidido a los cárteles del narcotráfico a lo largo y ancho del país. Pero no solo por hacer muy poco en el ámbito militar. También hay que recordar que existen muchos personajes morenistas que, con pruebas documentales, dichos de testigos, videos, grabaciones, etc. son evidentes cómplices de los cárteles desde el sexenio de amlo. A pesar de todo ello no se les toca ni con el pétalo de una acusación, ni siquiera con la tradicional apertura de una carpeta de investigación. Conclusión: la presidente no debería estar bajo la amenaza externa, ni tendría que estar soportando al bully del norte. Solo tendría que hacer su trabajo: combatir por decisión soberana, no por presiones externas, al narcotráfico con toda la fuerza del Estado. A los narcocriminales y a los narcopolíticos. Acciones que toda la oposición partidista y ciudadana han exigido. Acciones que la prensa independiente ha denunciado dado las numerosas pruebas que hay en contra de los personajes morenistas que andan libremente por las calles sin que nadie los toque. Pero qué necesidad.
En el ámbito interior, los diputados federales le acaban de propinar a la presidente una dolorosísima derrota cuando su iniciativa de reforma electoral no alcanzó los votos necesarios para ser aprobada. Analizando el contexto, la iniciativa presidencial no fue derrotada por la oposición, sino por los aliados morenistas. Es cierto que panistas, priistas y emecistas votaron en contra, ya que exigieron en sus respectivas posturas que, entre otros puntos, se contemplara explícitamente la prohibición de recursos ilícitos del crimen organizado y sanciones severas, con pérdida de registro partidista dado el caso, para aquella fuerza políticas apoyadas por el narcotráfico. Sin embargo, sus votos no les alcanzaban. La reforma no pasó por temas más prosaicos dados por el PT y el Verde, partidos que no querían perder sus privilegios de ser satélites de morena, ya que no tendrían legisladores de representación proporcional y perderían jugosos recursos económicos. Sea como sea, la iniciativa presidencial nació muerta. No se aprobó por las dos terceras partes. Lo peor del caso es que esto ya se sabía de antemano. La presidente sabía que no tenía los votos para su aprobación y a pesar de ello tuvo que tragar el sapo del desaire. Su insólita razón fue que ella cumplía con lo que el “pueblo” le había pedido y ya era asunto de los demás partidos aprobarla o no. Eso le pasa por querer hablar en nombre de un pueblo que solo ella se imagina que existe. Pero qué necesidad.
Los dos episodios en cuestión --la exclusión del evento internacional y el revés en la Cámara de Diputados— funcionan así como evidentes muestras de falta de liderazgo de la presidente Sheinbaum. En el exterior, se confirma la desconfianza. En el interior, aparece la rebeldía de sus aliados, algo impensable en el sexenio anterior. Este es un momento crucial para que la oposición piense diferente y actúe con imaginación e inteligencia a fin de seguir minando ese maltrecho liderazgo e ir construyendo otro ético y eficaz en beneficio de México. Ahora es cuando.