El Ejército, Shakira y la Presidente
“Cuando cambias el modo en que ves las cosas,
las cosas que ves cambian también”
Wayne Dyer
Dos hechos de esta semana siguen definiendo a la presidente Sheinbaum sobre quién es realmente y la poca sensibilidad que muestra hacia las víctimas de los delitos que se cometen a diario. La primera se refiere al hecho poco comentado, pero de gran trascendencia, de que como jefa de Estado y Comandante de las fuerzas armadas no acudió a los funerales de los militares caídos en cumplimiento de su deber en el operativo que logró la captura del “El Mencho”. Nunca antes, ninguna acción de esta naturaleza había provocado tantas muertes de personal militar mexicano en un solo día. Tres integrantes de fuerzas especiales del ejército mexicano y 25 elementos de la Guardia Nacional. No son números, no son estadística. Son personas que tenían familia, amigos, anhelos, vocación de servir a México. Si al Secretario de la Defensa Nacional se le quebró la voz en una mañanera dando la noticia de los valientes mexicanos caídos en dicho operativo, lo menos que se podía esperar es que la presidente acudiera a rendir homenaje a las víctimas y estar cerca de sus familias. En nombre no solo de ella, sino de las y los mexicanos que estamos muy agradecidos con su servicio prestado a la Patria. Lo más lamentable es que su conducta no desentona con su personalidad. Al contrario. Mi solidaridad con las familias de aquellos que ofrendan sus vidas en la defensa de la Patria.
El segundo hecho se refiere a su muy lamentable mensaje en redes sociales en el que festeja el concierto de la cantante Shakira en el zócalo capitalino. Tecleó “Las mujeres ya no lloran Zócalo”. ¿Cómo es posible que pueda mensajear dicha frase en un país donde miles y miles de mujeres y hombres han muerto en hechos violentos? Lloran sus familias. Lloran sus amigos. Lloran las comunidades a las que pertenecían. ¿Y qué decir de la Madres Buscadoras? Lloran a diario con la incertidumbre de no saber si sus familiares están vivos o muertos. No pueden descansar nunca porque no saben qué pasó con ellos. Además, existen en la realidad, que al parecer no quiere ver la presidente, millones de mujeres que han sido víctimas de delitos de todo tipo y que viven calladas sus penas. Miles de mujeres enfermas que buscan sus medicamentos en los hospitales gubernamentales, saliendo con las manos vacías porque no los encuentran. Millones de mujeres que día a día trabajan sin descanso para conseguir y hacer rendir el gasto familiar, a pesar de todas las dificultades que enfrentan. Seguramente habrá sido todo un éxito el mentado concierto. Hasta rompió récord de asistencia. Pan y circo que de ninguna manera puede ocultar la cruda realidad. ¿En serio pasarán estas muestras de la “sensibilidad” de nuestros gobernantes sin que alcemos la voz o trabajemos en que ya no lo sean?
Es por ello por lo que hay que insistir en que un cambio verdadero necesario en México no puede basarse en cosas cosméticas sobre programas, números, personas, acciones para mantener a todos contentos y que nada cambie en lo fundamental. Requerimos pensar diferente. Actuar disruptivo. ¿Cuál es la institución más querida, respetada y confiable para los mexicanos? No es el ejército, ni la marina, ni nada parecido. Es la FAMILIA. Estudios recientes de la Fundación Rafael Preciado Hernández demuestran que las y los mexicanos, en un 93.7%, consideran a la familia como el eje central de todo. Su refugio, su sostén, su motivación para levantarse día a día y luchar para salir adelante. Asimismo, dicha investigación también encontró que un 80% creen en la cultura del esfuerzo para superarse. No en quedarse en su cama a esperar que le lleguen los recursos de los programas sociales. No en creer que papá gobierno tiene la obligación de conseguir su sustento y llevárselo a su casa. No. La inmensa mayoría tiene aspiraciones de salir adelante por su esfuerzo, por sus méritos, por su trabajo. Son aspiracionistas, aunque no lo sepan y sean despreciados por ello por los gobiernos morenistas.
Defensa de la Patria, protección de la Familia, cultura del esfuerzo, libertad de pensar y decir lo que uno piensa, lo que uno cree, lo que uno aspira. Son valores que están en la esencia de las y los mexicanos. Estos anhelos deben ser los ejes centrales de una nueva forma de hacer política. De un mensaje y acciones concretas que lleguen al corazón de quienes somos realmente. Solo así podremos sacudirnos de una vez por todas al narcogobierno que se ha apoderado de nuestro presente. No permitamos que lo haga con nuestro futuro.