Cuando el dogma se topa con la realidad

“Yo sí combatí a la delincuencia y al crimen organizado

con toda la fuerza del Estado, porque eso es lo correcto”

Presidente Felipe Calderón

      El reciente operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes, "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, ha puesto en evidencia una paradoja incómoda para el gobierno morenista. La administración que llegó al poder criticando fervorosamente la estrategia de seguridad de Felipe Calderón ahora se encuentra ejecutando operaciones que, en esencia, validan precisamente aquella política que tanto denostó. Recordemos un precedente clave: la intervención federal en Michoacán que marcó el arranque operativo del gobierno calderonista fue una respuesta solicitada por el entonces gobernador del estado, Lázaro Cárdenas Batel, quien informó que las fuerzas locales estaban rebasadas por la violencia y pidió auxilio al gobierno federal. Esa intervención, polémica y discutida, tuvo origen en una petición interna y en la lógica de un federalismo en que el centro acudía a socorrer a una entidad federativa en peligro. Durante años, los actuales funcionarios y simpatizantes de Morena construyeron su narrativa política sobre la descalificación sistemática de la "guerra de Calderón”. La consigna "abrazos, no balazos" se convirtió en el mantra que diferenciaba supuestamente al gobierno de amlo de las administraciones anteriores. Sin embargo, la realidad del poder ha demostrado que la retórica populista choca inevitablemente contra la cruda realidad de la inseguridad. Esa concatenación de hechos ratifica la evidencia de que los “abrazos no balazos” fue siempre una convicción estratégica de apoyo a sus socios del crimen organizado, a fin de que tuvieran la inmunidad necesaria y expandir su poderío prácticamente a todo el país. Había que pagar el costo de ser apoyados para llegar al poder. 

 

      El despliegue militar contra "El Mencho" no fue precisamente un "abrazo". Fue una operación militar coordinada que involucró fuerzas especiales, helicópteros artillados y enfrentamientos directos. Es decir, exactamente el tipo de acción que Morena criticaba cuando la ejecutaba Calderón. Esta contradicción ha colocado a los defensores del régimen actual en una posición intelectualmente insostenible. Ante el cambio de estrategia, hoy ¿se puede hablar de la "guerra de Sheinbaum"? Por doloroso que resulte para sus detractores, los hechos están dando la razón a Felipe Calderón. Su advertencia sobre la imposibilidad de combatir al crimen organizado exclusivamente con políticas sociales ha sido validada por la realidad. El Presidente Calderón sostuvo consistentemente que, aunque las causas estructurales de la violencia requieren atención, la respuesta inmediata al poder de fuego del narcotráfico debe ser contundente y coordinada. El oficialismo ha constatado que los cárteles no responden a programas sociales cuando ya han consolidado su poder territorial. "El Mencho" no se habría entregado por más becas o empleos que se le ofrecieran a él o sus compinches.

 

      Aunado a esto, veamos el operativo militar, tanto de Calderón como de Sheinbaum, desde el punto de vista de la defensa de la soberanía. Si definimos a ésta como la capacidad de un Estado para establecer su política interior y exterior sin coerciones indebidas, la comparación es ilustrativa: la política de Calderón en Michoacán respondió a una demanda interna de autoridad territorial, mientras que la reacción actual se produce en un escenario en que una potencia vecina condiciona con aranceles y presión mediática la conducta del Estado mexicano. En ese sentido, la política calderonista se presenta como una decisión más orientada por necesidades internas que por coerción externa. Mientras que la de la presidente Sheinbaum resulta más vulnerable a presiones del presidente Trump.

 

      Por supuesto que hay que aprender de la historia. No basta abatir a las cabezas de los grupos criminales. Se requieren acciones integrales que impliquen cooperación internacional, ya que el narcotráfico es un crimen que afecta a varios países y trasciende fronteras. También se requieren muchas más acciones como labores de inteligencia; captura de mandos criminales de segundo y tercer nivel; congelamiento de cuentas de narcotraficantes; más apoyo, presupuesto, mejor armamento y capacitación para las policías locales; fortalecimiento del tejido social, entre otras muchas acciones más. Pero para eso, se requiere un cambio de gobierno por uno que base sus acciones en la ética, en estrategias eficaces, en el imperativo del estado de derecho, en el llamado a la unidad nacional, sin exclusiones dogmáticas. Que trabaje auténticamente por el bien común y no por conservar el poder para no dejarlo más.

 

      Mientras trabajamos por ello, recordemos qué gobernante sí tomó el toro por los cuernos y uso la fuerza del estado para proteger a las y los mexicanos. Vaya un reconocimiento al Presidente Felipe Calderón. La terca realidad, veinte años después, le ha dado la razón.