La negación como manipulación política
“Negar un hecho es lo más fácil del mundo.
Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho.”
Isaac Asimov
Una de las constantes más cínicas del morenismo es negar sistemáticamente cualquier señalamiento que ponga en duda su supuesta narrativa de rectitud y pureza política. Esta estrategia —que combina negación, victimización y descalificación del interlocutor— no solo cumple una función comunicativa, sino que se ha convertido en un método de supervivencia política en un entorno donde las contradicciones se acumulan y las preguntas incómodas se multiplican. Desde el sexenio anterior, cuando los apoyadores del morenismo creían ciegamente en su mesías, el discurso oficial contaba con el beneficio de la duda. “Va empezando; déjenlo gobernar; todos los males se los atribuyen a él; treinta millones de votantes no pueden estar equivocados”. Sin embargo, después de siete años en el poder, ya no es tan sencillo que el pueblo bueno y sabio les siga creyendo.
La negación se ha constituido como una pieza clave en el entramado del poder. Se ha activado ante las múltiples acusaciones de corrupción, incluso cuando existen videos, grabaciones o documentos que han circulado ampliamente en medios y redes sociales. Todos vimos los videos de los hermanos del peje recibiendo sobres amarillos con dinero de procedencia ilícita. No hay duda de que Adán Augusto nombró como su secretario de seguridad en Tabasco al líder de un cártel criminal llamado “La Barredora”. Hay grabaciones, contratos, evidencias contundentes de la corrupción impune de Andy y sus amigos que han quedado en la más absoluta impunidad. El negacionismo ha sido la piedra angular del oficialismo. Opera como un blindaje discursivo donde la evidencia se invalida automáticamente y se sustituye por la narrativa oficial de “ataques” o “montajes”. En lugar de refutar con claridad, se evade; en lugar de dar explicaciones, se busca desacreditar la fuente; y en lugar de asumir responsabilidades, se recurre a la idea de traición o complot. Esta dinámica que busca blindar la corrupción institucionalizada empieza a hacer agua. Ya existe demasiada evidencia e impunidad para que quienes antes creían lo sigan haciendo. El dramático descenso de la popularidad de la presidente da muestras de ello.
Otra dimensión polémica del negacionismo es el rechazo categórico a cualquier vínculo entre actores de Morena y grupos del crimen organizado. Distintos analistas, periodistas y organizaciones de la sociedad civil han documentado casos en los que se cuestiona la presencia e influencia de cárteles en procesos electorales y negocios turbios. El morenismo, sin embargo, responde con negaciones tajantes. Nuevamente, el punto relevante no es afirmar culpabilidades, sino observar que la estrategia comunicativa se repite: aun cuando surgen testimonios, reportajes o investigaciones periodísticas, la narrativa oficial insiste en que todo se trata de campañas pagadas y de guerras mediáticas. La negación, en este sentido, opera como cortina de humo para evitar discusiones profundas sobre la violencia política, la penetración criminal en territorios y la fragilidad institucional. Recientemente, el caso de Pedro Haces (el poderoso líder sindical del morenismo) y sus conexiones con el presunto criminal conocido como “El limones” volvió a activar este reflejo político. A pesar de fotografías y videos difundidos ampliamente en redes sociales, Haces ha negado cualquier relación. Lo relevante aquí no es juzgar culpabilidades, sino observar cómo la negación inmediata se ha convertido en un automatismo político que busca cerrar el debate antes de que inicie. Esta acumulación de negaciones es una estrategia que les ha estado funcionando. Construye una narrativa en la que la realidad se ajusta al discurso, no al revés. Pero todo por servir se acaba.
Una democracia sana exige explicaciones, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad. Cuando la negación se vuelve costumbre, la deliberación pública se empobrece y el poder se vuelve opaco. El costo democrático que estamos pagando por aceptarla como normalidad es muy alto. Mientras al oficialismo le funcione, seguirán en la negación total. Por ello es misión crucial de las oposiciones hacer prevalecer la verdad sobre la mentira, la realidad sobre la fantasía, los hechos sobre las palabras. Evitemos caer en el laberinto del negacionismo. Tanto partidos como sociedad organizada nos necesitamos. Nadie es perfecto ni infalible. En la medida en que participemos activamente, en esa medida podremos contribuir a disminuir nuestras debilidades y acrecentar nuestras fortalezas. México lo merece.